En realidad, soy transparente. Descubrirías que me gustan los pequeños detalles si te hubieras fijado en que jamás he tenido las manos grandes. Y si abrieras el cajón derecho de debajo de mi cama y cogieras el cuaderno rojo, entenderías todas aquellas cosas que quedaron por decir. Puede que si cogieras mi móvil entendieras la banda sonora de mi vida, e incluso es probable que si algún día miraras a la papelera gris de mi habitación, te asustaras al ver todos los gritos que he callado. Llega hasta mi parque, siéntate en mi banco y sabrás las mil cosas que nunca me atreví a contarte. Coge mis pinturas y entenderás que mis dibujos siempre hablan de ti, incluso cuando mis garabatos te parecen absurdos. Pon el ojo en mi cámara y mira el mundo a mi manera, puede que así comprendas todos mis miedos. Ve, coge mi álbum de fotos y sabrás de que hablo cuando digo que no podría vivir sin mis recuerdos. Pasa el dedo por mis uñas, así quizás comprendas que soy frágil y me consumen los nervios; o simplemente cierra los ojos, pon las manos en mis mejillas y sabrás si la vergüenza ha desaparecido. Acércate a mi cuello y te hablará de mis sensaciones, coge mis alas y descubrirás de qué están hechos mis sueños... Pero si quieres, olvídate de todo lo demás y mírame a los ojos.

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